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Por: José Antonio Monterrosas Figueiras.
Si el espectador espera encontrarse con una dulce y tierna historia de trama fácil con personajes amables y plenos, actuados por rostros con apellido Bichir, Luna, García, seguramente, esta película no es opción para él.
Esto podría parecer una descortesía de mi parte para una película como “Vaho” (México, 2009), que vive tal vez todas las vicisitudes posibles que un filme mexicano pueda tener, como compartir el verano con “Toy Story”, el Mundial de fútbol y la escasa distribución en corridas comerciales además de ser un filme que le apuesta a la docuficción.
Aún así, la película se mueve y está en cartelera en la Cineteca Nacional y en algunas salas comerciales del país.
¿Pero de qué trata “Vaho”?
“Vaho” es la historia de Felipe, José y Andrés, tres jóvenes, alrededor de los veinte años, que viven en Iztapalapa, zona de la ciudad de México que sufre de dificultades como el suministro de agua, por mencionar alguno, y tiene una de las celebraciones religiosas más concurridas en México, ejemplificando con los más de 2 millones de personas se reunieron este año para atestiguar la Pasión de Cristo en Semana Santa.
Alejandro Berber, el director, cuenta las historias paralelas de estos tres jóvenes, aplastados por una realidad violenta y marginal, que un día se reúnen gracias a una pipa de agua. Es ahí donde, Berber, se va ocho años antes para sumergirnos en la infancia de los personajes, en donde la falta de conciencia y el entorno social complejo, los llevó a participar en un evento que merma la vida de la comunidad y, por añadidura, su amistad.
“Vaho” es una película que pretende hacer un retrato de la vida en Iztapalapa, con imágenes incluso de la gran celebración religiosa de 2007 y 2008, e invita a mirar más allá de nuestra propia realidad.
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